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La Psiquis del Guerrero 4 E-Mail
ARTÍCULO 24 SUZAKU DOJO LA PSIQUIS DEL GUERRERO (4) Ahora, comentemos algo sobre los instintos humanos. Tenemos que la percepción de la gran mayoría de nosotros, es que nacemos con instintos, que por instinto un niño reconoce a su madre, que por instinto un niño miedoso se defiende o se alimenta cuando tiene hambre. Sin embargo, esto no se presenta; veamos. Parece “lógico” que todos hayamos nacido con el instinto de comer para poder sobrevivir, que nos haría actuar como los perritos o cualquier otro mamífero del reino animal, recién nacido que se arrastra por el suelo, pegado a la madre y rodeándola hasta alcanzar las tetas y prenderse de ellas. Pero lo cierto es que no sucede así con los seres humanos.

Un bebé recién nacido puede pasarse horas llorando de hambre, con su cabecita reposando sobre el seno materno lleno de leche, sin que aparezca el famoso “instinto” de buscar comida, y no hará ningún movimiento organizado o coherente ni adecuado de girar su cabeza y alcanzar el pezón con sus labios, al menos que lo logre por casualidad. En cambio, eso sí; si la madre le pone el pezón dentro de la boca, el muy glotón empezará a sorber y tragar con toda el alma. Este es el único “instinto” alimenticio con que nace un niño: chupar lo que se le ponga entre los labios, sea el pezón, el biberón, un dedo o cualquier objeto. En cuanto al “instinto” de defensa contra algo dañino, podemos pasar por delante de los ojos, las narices o la piel, los instrumentos o agentes más desagradables y mortíferos, sin que haga el menor gesto de miedo o de defensa. Sólo cuando algo le haya hecho o producido una sensación molesta hará algún gesto, a lo sumo encoger el brazo o la piernita. Este movimiento será lo único que haga por “instinto” y aun así no le servirá de mucho. Así, abandonados a nuestros “instintos”, nos moriríamos pocas horas después de nacer, por sed, hambre, frío o víctimas de alguna agresión. Lo que pasa es que, más que “instintos”, lo correcto es que llamemos reflejos a esa conducta de chupar lo que se ponga entre los labios del bebé, de encoger un brazo o la pierna cuando se le pellizca, de cerrar los párpados frente a una luz súbita e intensa, de encoger todo el cuerpo y romper a llorar al oír un ruido fuerte y brusco. Como esos reflejos no son aprendidos, congénitos, o incondicionados, como los llamó el Fisiólogo Pavlov, sino espontáneos desde el nacimiento mismo, se les llama reflejos innatos. De cualquier manera, estos reflejos incondicionados de un recién nacido frente a un estímulo exterior, son muy escasos y completamente ineficaces para asegurarse la vida. Para que estos reflejos innatos le sirvan para algo, el niño deberá pasar por una práctica o una experiencia, mediante la ayuda de quienes lo crían, sin ésta ayuda no viviría mucho. En el próximo artículo seguiremos desarrollando el tema. Hasta la próxima.

 

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