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Escrito Octavo E-Mail

SUZAKU DOJO

LOS SENDEROS DEL AIKIDO

 

ESCRITO N. 8

 

Uno de los aspectos del aikido que más críticas ha formulado dentro del gremio marcial es el del protocolo y la ceremonia propias de éste.

Cuando fundó el arte del aikido Morihei Ueshiba introdujo una actividad física con un estilo distintivo y la cubrió con una forma cultural emanada del Japón feudal, una forma altamente protocolaria y cerrada.

Para muchos, los vanguardistas sobre todo, la perspectiva de los tradicionalistas es incompleta, puesto que un factor  esencial de la naturaleza que no ven es el hecho del cambio y la adaptabilidad. Y como dice el clásico “la capacidad de adaptación es un requerimiento para la movilidad”.

En los organismos superiores y en el caso de las actividades del hombre (el arte, los deportes, la técnica, la ciencia, la literatura, etcétera) su éxito y permanencia se cifra en su adaptabilidad o funcionalidad. Las estructuras que no cambian deben vivir encerradas en una cultura o lugar específico porque si no se extinguen. Como ejemplos están la ceremonia del té o la lucha sumo que tienen un estilo y una ejecución tan rígidos que son totalmente incomprendidos fuera de la cultura que las produjo.

Para nosotros, una forma de arte es en el que podemos y debemos seguir participando, es una actividad viviente, un arte creativo y vivo. Una actividad o arte de la cual somos solamente espectadores se desvirtúa y deja de servir o atraer.

La práctica del aikido , como la ceremonia del té, el kendo, el iaido o el kyudo (arquería zen) y el mencionado sumo, llenan una necesidad cultural y espiritual propia del japonés. Sin embargo, para occidente y el resto del mundo, no es así, dándose el fenómeno que le ocurrió al judo, el cual antes de la segunda guerra mundial, su práctica era considerada una expresión pura de la vida cultural japonesa. Al paso del tiempo, el judo se ha extendido a muchos países, donde es muy popular, practicándose con un mínimo de ceremonia sin que por esto se reste atractivo y efectividad.

Así sucede con el aikidoq  , no obstante, esta separación de la actividad física de su forma cultural no ha disminuido el placer que extraen los japoneses del aikido , ni ha reducido eso la posibilidad de adquirir gran habilidad. Desarrollado como un deporte, sin considerarlo una manera de vivir, el aikido ha podido atraer innumerables entusiastas en el mundo. Aunque para muchos de estos practicantes, el lado atractivo es esa misma ceremonia lo que les gusta y seduce.

Hoy, es completamente posible separar la práctica del aikido de su ambiente cultural japonés y enfocarlo como una actividad física espléndida, con un potencial inmenso. Como culto místico, puede esperar solamente atraer a cultistas o esotéricos; como una habilidad física maravillosa, puede ser gozada por muchísima gente.

No importa lo hermosa y genuina que sea la forma de arte o actividad, si no podemos ser involucrados en ésta excepto como espectadores, será para nosotros una pieza de museo. El aikido así como todas las demás artes marciales del mundo deben tener dentro de sí la posibilidad del cambio, si no, dejaran de existir al poco tiempo.

 

cLASE gRATIS