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Espiritualidad en el Aikido E-Mail

Espiritualidad en el Aikido



Aikido


SUZAKU DOJO

 

LOS SENDEROS DEL AIKIDO

 

ESCRITO N. 4

 

En el mundo, todas las comunidades han creado y establecido métodos de lucha para defenderse de otros pueblos y muchas veces para imponerse sobre ellos. El combate es intrínseco en el hombre y tan antiguo como su existencia. Y como los seres humanos se parecen todos físicamente, es lógico que las distintas vías que estudian el funcionamiento del cuerpo humano lleguen a las mismas conclusiones y utilicen los mismos mecanismos y movimientos hacia una técnica defensiva/ofensiva.

Una de las diferencias más relativas entre las distintas técnicas de combate que existen, es la de la manera de utilizar la intención, la fuerza de voluntad o energía interna o flujo de la vida (el famoso y muchas veces mal entendido término japonés “ki”).

Estas diferencias se traducen muchas veces en fines psicológicos y filosóficos, que conllevan, en algunos casos, distintas cosmogonías y maneras de ver la vida y la muerte. Cada pueblo y/o raza ha realizado la guerra por diferentes razones, legítima y legalmente aceptada por sus miembros constitutivos.

Así, los seres humanos somos una especie dominadora. Nuestro éxito sin duda se debe a nuestra capacidad de adaptarnos tanto como nuestra capacidad de imponernos. Ambas cuestiones opuestas y complementarias son características propias y necesarias para dominar el entorno. Para imponerse al medio hay que luchar con él, conquistar el territorio a otras especies y adaptar las condiciones naturales a nuestra especie (humanizándola). Hay incluso que enfrentarse con los semejantes, y así imponer la ley del más fuerte, esa misma ley que seleccionó de entre nosotros al dominante, para que la tribu humana fuera más fuerte y sobreviviera en el planeta.

Una de las sendas del aikido es la armonía con uno mismo y con el universo, la conciliación con las dos naturalezas, interna y externa, o como diría un clásico: “la sintonización de complejidades de los contrarios”.

El aikido siempre nos enseña a armonizar con la circunstancia, una especie de autoayuda, o como lo describe el concepto moderno, de la inteligencia emocional, donde se conjugan, tolerancia, comprensión, empatía y sinergia, y se aprende a centrarse en el punto del presente circunstancial.

Así, en nuestra efectiva, elegante y divertida técnica, cabe la pregunta ¿Aplicamos las leyes de la naturaleza que van siempre en la dirección del equilibrio o intentamos desviarlas para un fin egoísta y desequilibrante o destructor?

La práctica marcial es una lucha por encontrarse a uno mismo y luego de hacerlo, iniciar el camino, no hay que salir al mundo sin conocer nuestra verdadera identidad, porque así seremos fácil presa de los egolatrismos y vicios de avaricias de propios y extraños. Es necesario el que uno mismo creas en sí, por encima de todo y así es como se logrará la victoria y superación como ser humano.

Hoy los signos actuales, en casi todas las técnicas marciales, se dan en razón de una comercialización y deportivización en su desarrollo y práctica, desechando todo vestigio de espiritualidad y filosofía marcial, desvirtuando el aspecto más trascendente y revelador de esta actividad humana.

 

“Si tu acción sigue el Tao, compartirás la vida. Al ser uno con los demás te recibirán con alegría”. Lao Tsé

 

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