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Mentalidad del Aikido E-Mail

Aikido Espíritu y Mente



Mentalidad en el Aikido


SUZAKU DOJO

 

LOS SENDEROS DEL AIKIDO

 

ESCRITO N. 3

 

En el presente escrito abordaremos la relevancia que representa la capacidad de adaptación del practicante, el cual debe mantenerse alerta sin dejarse sorprender en ninguna ocasión; tener bien presente y comparar continuamente la práctica dentro del dojo y la confrontación real, ya sea física o emocional. Así, cobra mayor importancia el que cada uno de los practicantes encuentre su propia forma de asumir y reproducir las técnicas más adecuadas para él, en función de las características situacionales en que se encuentre.

El aikido es una de esas disciplinas humanas que inciden en la conciencia del practicante, la conforman y condicionan, logrando un cambio en sus estructuras eticofilosóficas. Lo esencial en el aikido , desde que Morihei Ueshiba lo estructuró, es la serenidad y aplomo que transmite, que permite dominar los movimientos sin dejarse llevar por la agresividad o la ignorancia. Y Ueshiba iba más allá, consideraba su método como una escuela de clemencia y de despertar espiritual, con pleno dominio de la mente.

El practicante de aikido se singulariza del resto, en que manifiesta en su ser un profundo respeto por la armonía entre él y su entorno. Para empezar a sentir esa sintonía con el aikido , el practicante se inicia aplicando estas cuatro doctrinas:

  • No a la violencia.
  • No a la competición.
  • No a la marcialidad
  • Respeto a la etiqueta y protocolo.

Así, la actitud del practicante debe conservar la actitud del agua, la cual se adapta a cualquier recipiente que la contenga (fudoshin), sobre la predisposición de entrenar con una actitud espiritual de humildad y tolerancia, conservando la mente inquebrantable ante toda situación, fácil o difícil. El ejercicio de esta actitud, que debe ser constante, implica aprender a actuar con serenidad en todas las situaciones y sobre todo frente a las dificultades, sean del género que sean. Adquirir fudoshin ayuda en el dojo, pero más fuera de éste, en la vida cotidiana, para comportarnos del mejor modo posible frente a cualquier situación adversa.

Esta actitud adaptativa logra armonizar con las circunstancias del mismo practicante, convirtiéndolo en un ser proactivo.

En la práctica sobre el tatami, el practicante estará consciente de la simbiótica influencia cuerpo-mente, de su estrecha y constante interdependencia, por lo que su actitud debe enfocarse en:

  • Una postura correcta del cuerpo en todos los movimientos (sankakutai) en todos los momentos de espera.
  • Conciencia permanente del hara, dejando caer el peso del cuerpo hacia abajo.
  • Brazos inflexibles pero no rígidos ni contraídos, para manejarlos en semiextensión o extensión completa, como si fueran sables (te-gatana).
  • Respiración controlada, inspirando en la acción preparatoria (esquiva, desequilibrio) y espirando durante la realización del movimiento y proyección.
  • Tono muscular semirrelajado, que permita en todo momento moverse en cualquier dirección, evitando las tensiones musculares que provocan perturbaciones en la espontaneidad de la acción y fatiga prematura.

Con estas consideraciones, el practicante se va adentrando a la filosofía aiki, la armonía como principio y fin de todas las relaciones con el entorno, donde aprende a centrarse en el punto del presente, y lo potencializa en encontrar su estrategia de acción, adecuada a las circunstancias y a su propia naturaleza.

 

 

“El aikido no es una técnica para luchar o vencer a un enemigo.

Es la vía para reconciliar el mundo y

hacer de los seres humanos una familia”

 

Morihei Ueshiba

 

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